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Sergio Sinay: “Los que asesinaron al fútbol”

Sergio Sinay: “Los que asesinaron al fútbol”

Dialogamos con Sergio Sinay. El prestigioso especialista opinó desde sus redes sociales sobre los bochornosos incidentes que provocaron la suspensión de la final de la Copa Libertadores entre River y Boca.

“Como futbolero e hincha de River, por primera vez en nuestra vida nos sentimos avergonzados por ser hinchas de River porque vimos cómo mataban al fútbol. No lo mataron el sábado, lo vienen matando dirigentes y gobernantes, se asocian con las barras bravas. En donde uno aprieta sale pus, y en el fútbol está más en la superficie”.

 

 

LOS QUE ASESINARON AL FÚTBOL

Quienes amamos el fútbol por su perfección y su belleza como deporte, quienes lo hemos jugado con entrega y alegría y hemos seguido por años a un equipo integrando ese seguimiento, junto a tantos otros factores, a nuestra identidad, quienes hemos tejido lazos de profundo afecto gracias a este juego, estamos de duelo. Hablo por mí y por todos aquellos con quienes he compartido este sentimiento en estos días. Nuestra sensación es hoy la de que el fútbol ha muerto. Hace tiempo que agonizaba, y terminaron de asesinarlo. Los asesinos están identificados, y no son 15 inadaptados, como gustan decir los autores intelectuales para quedar impunes.

Los asesinos, en efecto están identificados y van mucho más allá de esos sicarios llamados barras bravas. Fue asesinado por una mafia que componen gobernantes y políticos, que, sin distinción de ideologías o pertenencia partidaria, vienen siendo cómplices, partícipes necesarios o, simplemente, cobardes (esto incluye a los del presente y del pasado). Una mafia que componen dirigentes de clubes y de asociaciones (nacionales e internacionales) carentes de todo escrúpulo y dispuestos a lucrar por cualquier medio en canchas moralmente embarradas. Una mafia integrada por numerosos periodistas que, incapaces para una profesión que irremediablemente deshonran, funcionan como operadores de dirigentes, de representantes de jugadores o de políticos involucrados en el crimen. Lo asesinaron jugadores que hace rato perdieron, o nunca tuvieron, vocación o respeto por este juego del que viven, y, endiosados por medios y fanáticos, aceptaron venderse como promotores estrellas del complot. Lo asesinaron hinchas que, protagonistas un masivo vacío de propósitos y sentido existencial en sus vidas personales, se abrazaron a un fanatismo irrazonable al que llaman “pasión”.

En su imagen póstuma y patética, el fútbol aparece como espejo brutal de una sociedad que hace tiempo decidió vivir en la intolerancia, sin ley, sin respeto, sin el menor atisbo de responsabilidad (la responsabilidad es siempre y únicamente individual), de espaldas a valores morales esenciales, y sin memoria, o confundiendo memoria con resentimiento. Era imposible que el fútbol sobreviviera en semejante atmósfera tóxica. Y mucho menos posible será que descanse en paz.

 

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27 noviembre, 2018

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