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Rosario: Matan a tiros a un joven en una cuadra que sumó once homicidios en seis años

Rosario: Matan a tiros a un joven en una cuadra que sumó once homicidios en seis años

El crimen de Ismael Cruz Guzmán, baleado desde un auto, incrementó la estadística de muertes en Alem al 4000. En doce meses hubo cuatro casos.

 

En los últimos seis años Alem al 4000, en el corazón de barrio Tablada, se transformó en la calle de la muerte. Desde noviembre de 2012, a lo largo de esos cien metros se sucedieron once homicidios, buena parte de ellos por ataques ligados a peleas territoriales y a la venta callejera de droga. Ismael Cruz Guzmán, un joven de 28 años, se transformó el miércoles a la noche en la última víctima de esa estadística. Estaba en la vereda con otros hombres cuando recibió varios balazos disparados desde un auto.

Según relataron los vecinos, Guzmán estaba sentado en el cordón de la vereda junto a otros dos hombres cuando por el lugar pasó un auto de color oscuro y se produjeron varios disparos hacia el grupo. Guzmán recibió múltiples impactos en el abdomen, la región lumbar, el brazo izquierdo y la pierna derecha. Murió a poco de ingresar al Hospital Clemente Álvarez (Heca). Uno de sus compañeros resultó con una herida en abdomen, pero tras ser asistido en el Heca recibió el alta. En la escena del crimen se recolectaron 14 vainas servidas y 5 plomos deformados, todos de 9 milímetros.

“En Tablada nunca pasa nada, sólo tiros y puñaladas”. Buscándole un giro de comedia al drama, una vecina de la cuadra describió con esa ironía cómo es la vida en Alem al 4000, entre Doctor Riva y Centeno. Otra fue más allá: “Los que vivimos acá, donde hay mucha gente muy buena, no tenemos otro lugar donde vivir. Lo que pasa acá es como un tsunami: no lo ves hasta que lo tenés encima. Y una vez que lo tenés sobre la cabeza lo único que te queda es sobrevivir”.

 

Una muerte tras otra

En la última década Alem al 4000 no pudo escapar a los designios de la histórica rivalidad callejera de la “Banda de Ameghino” contra “la de Centeno”, como también de los vendedores de drogas que pelean por conquistar territorios y clientela. La cuadra quedó marcada a fuego por un quiosco de venta de drogas regenteado hasta mediados de 2016 por Juan Carlos “Carancho” Flores Caminos.

Carancho trató de evitar su destino y en medio de la guerra entre las facciones de los Ungaro-Funes (de Parque del Mercado y un sector de Tablada) contra los Caminos-Segovia (del barrio Municipal y la otra parte de Tablada) emigró a Villa Gobernador Gálvez. Allí lo mataron a balazos el 3 de abril pasado. Una semana más tarde, el 11 de abril, Bruno Ezequiel C., de 25 años y sobrino de Carancho, fue atacado a balazos en Alem al 4000: recibió impactos en el abdomen, el muslo derecho, la pierna izquierda, el brazo izquierdo y el hombro derecho. Fue asistido en un sanatorio privado y sobrevivió.

Cuando “Carancho” se fue de Tablada en 2016, según se consignó entonces, esa boca de expendio quedó en manos del apodado “Pelado”. Que que rápidamente confrontó con las huestes del fallecido Ariel “Tubi” Segovia, el preso de 29 años que sería asesinado por sus compañeros de celda en la cárcel de Coronda en abril pasado. Ese enfrentamiento trajo más muertes.

Uno de esos crímenes fue el de Mario Alberto “Monito” Muñoz, acribillado a balazos en su cama el viernes 17 de marzo de 2017 en una humilde vivienda de Centeno al 200. Aunque no integra la lista de muertos en la cuadra, el puesto de Alem al 4000 fue mencionado entonces como motivación del ataque.

Monito supo trabajar, entre otros, para Tubi. Por aquellos días la rivalidad del momento era entre Monito y Pelado. Una semana después del crimen de Monito, la tarde del sábado 25 de marzo de 2017, Julia Luján Guzmán, de 32 años, recibió un balazo en la cabeza del lado derecho al quedar en medio de una balacera en un pasillo de Alem al 4000, a metros de Doctor Riva. Según la investigación en manos del fiscal Ademar Bianchini, dos hombres que circulaban en una Suzuki AX 100 negra intentaron emboscar a balazos a un hombre que salía de ese pasillo, que no era del barrio. Los tiros terminaron impactando en Guzmán, que ajena al incidente charlaba con su hermano en el pasillo donde vivía.

 

En el cordón de la vereda

Ismael Cruz Guzmán, asesinado el miércoles, vivía en ese pasillo pero sus familiares no quisieron hablar con la prensa. “No queremos hablar porque tenemos miedo por nuestras vidas”, contestó una voz de mujer sin abrir la puerta de casa ante la consulta de este diario. Ante esa reticencia no fue posible saber si Julia Guzmán, muerta en marzo de 2017, era familiar del hombre con el mismo apellido asesinado el miércoles.

Los investigadores pudieron reconstruir que pasadas las 22 de ese día, Ismael Guzmán junto a Eduardo Antonio A., de 43 años, y otro conocido compraron una cerveza en un quiosco y se sentaron en el cordón de la vereda frente al comercio. Mientras estaban tomando entró en escena un auto de color oscuro —cuya marca y modelo se preservan para no entorpecer la pesquisa— y del vehículo comenzaron a disparar contra los que estaban sentados.

Con esta misma mecánica habían sido asesinados Pedro Jeremías Bernay y Ramón Larrosa el lunes 14 de octubre pasado, cuando sacaban una bolsa de basura frente al histórico búnker de Alem al 4000, a unos 50 metros del crimen perpetrado el miércoles.

“Se habrán escuchado unos diez o doce disparos. Fue una lluvia de balazos”, explicó una vecina de la cuadra. Guzmán recibió la peor parte de la descarga. Eduardo, un balazo en la región lumbar con orificio de salida en la pierna izquierda.

Cuando los vecinos se asomaron sólo se escuchaban el rugir del auto acelerando y los pedidos de ayuda. A Guzmán un vecino lo cargó en su auto y lo llevó al Heca. Allí ingresó en estado desesperante al quirófano y murió al filo de la medianoche. Eduardo A. fue asistido en el mismo hospital y luego recibió el alta.

 

Los impactos

Siete impactos de bala podían contarse ayer en la fachada de la casa en cuyo cordón estaban sentadas las víctimas. En la escena del crimen fueron recolectados 14 vainas servidas y 5 plomos deformados.

“La verdad es que no sabemos qué pasó. Cuando se escucharon los balazos el pastor dijo: «Oremos para que esos disparos no hayan dañado a nadie». Llegamos de la iglesia y nos encontramos con eso. Se ve que no acertó”, indicó la dueña de la vivienda que recibió los impactos.

“El pibe que mataron era una buena persona. Un pibe bien criado. Los dos que balearon son muchachos que trabajan. A nosotros nos salvó haber ido a la iglesia porque cenamos justo en la ventana donde fueron los impactos”, rememoró.

“Es todo muy raro porque hace rato que no se vende más droga en esta cuadra”, dijo la vecina. Esta variable fue cuestionada por otros vecinos e investigadores del caso que indican que el búnker de la discordia sigue en pie.

La investigación quedó en manos del fiscal Adrián Spelta, quien comisionó a personal de la Policía de Investigaciones (PDI) para que recabara testimonios y relevara las cámaras públicas y privadas del lugar donde mataron a Guzmán, el cuatro crimen en esa cuadra en los últimos 12 meses.

 

Fuente: La Capital

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11 enero, 2019

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