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El detenido por ocho abusos sexuales no fue reconocido por las víctimas

El detenido por ocho abusos sexuales no fue reconocido por las víctimas

Había sido apresado el jueves por su similitud con el fotofit del agresor. No tiene antecedentes y recuperó la libertad tras una extracción de sangre.

 

Siete de las ocho mujeres que fueron víctimas de una saga de abusos sexuales cometidos desde enero pasado y atribuidos a un mismo atacante, no reconocieron al detenido Carlos Roberto J. como la persona que las agredió. Con el resultado negativo del reconocimiento en rueda de personas, la fiscal de la Unidad Especial de Delitos Sexuales Alejandra Raigal ordenó que el hombre de 33 años apresado el jueves recuperara la libertad previo trámite de extracción de sangre para preservar la muestra ante una potencial medida comparativa de sus datos genénticos. La octava de las víctimas no concurrió al trámite procesal realizado ayer en el Centro de Justicia Penal pero se mantuvo en contacto con la fiscal Raigal y se mostró dispuesta a seguir aportando a la investigación.

La fiscal investiga al menos ocho hechos de abusos sexuales y robos contra mujeres en distintos puntos de la ciudad registrados entre el 7 de enero y la noche del 9 de julio de este año. Tres de esos hechos fueron con acceso carnal y los restantes fueron considerados como abusos sexuales simples.

 

La detención

Carlos Roberto J. fue detenido el jueves al mediodía por una dotación policial del Comando Radioeléctrico que llegó hasta su casa después de un llamado al 911. Al ver al hombre los policías consideraron que su rostro y descripción era compatible al fotofit del agresor sexual buscado. El detenido, quien no tiene antecedentes prontuariales, quedó entonces “preso e incomunicado” por orden de la fiscal Raigal hasta conocer los resultados del reconocimiento de persona. También la funcionaria ordenó que se realizara un allanamiento en la vivienda del hasta ayer sospechoso, que tuvo resultado negativo. En el procedimiento buscaban una moto negra de baja cilindrada (podría ser de 110 centímetros cúbicos) con una caja blanca similar a la que utilizan los deliverys y un casco negro con el cual el agresor ocultó su rostro en al menos dos de los ataques. Nada de eso fue hallado en la vivienda del barrio Carlos Casdo donde lo buscaron.

El sospechoso enfrentó el reconocimiento, que se llevó adelante en una sala del subsuelo del Centro de Justicia Penal sobre calle Mitre asistido por el abogado de la defensa pública Mariano Buffarini. En tanto, las víctimas fueron asistidas por sus familiares, la fiscal Raigal y psicólogas del Ministerio Público de la Acusación (MPA).

 

Los rostros

Lo primero que se conoció del agresor fue un identikit confeccionado por la Policía de Investigaciones (PDI) tras el ataque sufrido por Sofía, una chica de 19 años atacada el 20 de mayo en una librería de Sarmiento al 4300, a metros de la comisaría 15ª. Ese dibujo circuló extraoficialmente por redes sociales y se viralizó luego de que Jorgelina, dueña de una veterinaria de San Nicolás al 300, contara a La Capital su historia en una nota publicada el pasado 4 de julio. Esa mujer fue atacada el 27 de junio y puso en fuga al agresor con una tijera.

Recién el miércoles desde el Ministerio de Seguridad provincial se oficializó el identikit. Y cuando el mismo se había viralizado al igual que la noticia de la saga de ataques, se dio a conocer un fotofit. Sin embargo, la Fiscalía Regional

emitió ayer en sus redes sociales un comunicado alertando que el MPA “no emitió fotofit del hombre sindicado en relación a casos de abusos sexuales dados a conocer en los últimos días”. Y precisó que en los próximos días se confeccionará otro fotofit con nuevos datos aportados por las víctimas.

 

La forma de actuar

La fiscal Raigal tiene bajo investigación una serie de al menos ocho casos con víctimas de abusos sexuales cometidos en los últimos siete meses y atribuidos a un mismo atacante. En esos ataques los investigadores pudieron trazar un patrón común. El agresor parece estudiar a las víctimas que sometía en negocios tras una suerte de inteligencia previa. Simulaba ser cliente o se presentaba como un vendedor de cámaras de vigilancia antes de entrar en acción como un asaltante y simulando portar un arma. En la mayoría de los casos hizo una visita previa al local simulando estar interesado en comprar algo. Pero no sólo se trató de un atacante serial con un modus operandi reiterado. Las ocho víctimas reconocieron al agresor en el fotofit elaborado por PDI tras el ataque a Sofía el 20 de mayo pasado.

Tres de los hechos ocurrieron en un radio muy cercano, en los alrededores de avenida San Martín y Ayolas, en jurisdicción de la comisaría 15ª. Un cuarto caso fue cerca de allí pero a un par de cuadras hacia el río, ya en la zona de la seccional 16ª. Aunque también se reportaron hechos en otros puntos del mapa rosarino, como en barrio Agote, Carlos Casado y República de la Sexta. De esa lista de episodios puesto bajo la lupa, seis hechos fueron cometidos en comercios y dos contra mujeres abordadas al azar en la calle. Tres abusos fueron con acceso carnal, lo que posibilitó que la pesquisa pudiera obtener material biológico que fue preservado para permitir realizar un cotejo genético. Los demás fueron abusos simples. Otro rasgo reiterado es que las víctimas eran muy jóvenes: seis de ellas eran chicas de entre 17 y 20 años. Las otras dos, de más de 40.

Ayer una de las víctimas de este último grupo, una mujer atacada el 29 de abril en un Petshop de Riobamba al 300, comentó que era usual que a la hora en la que se produjo el ataque del cual fue víctima (alrededor de las 13.30) la persona que atendía el local era su hija de 20 años. En este caso, como en buena parte de los investigados, el atacante maniató a las mujeres con precintos plásticos en los tobillos y las muñecas, y les colocó otra atadura en el cuello que ajustaba ante la negativa de la víctima a acceder a sus pedidos. “Si no lo haces, te ahorcó con el precinto”.

 

Los casos

Los golpes en comercios comenzaron como un robo calificado de manual. El delincuente llegaba en una moto color negra de 110 centímetros cúbicos y con una caja blanca de PVC para reparto que estacionaba frente al negocio. Entraba al local y luego de un breve intercambio de palabras con su víctima asumía su rol de asaltante y realizaba el ademán de portar un arma en la cintura. Una de las víctimas dijo haber visto un arma que parecía de juguete y otra que la portaba envuelta en un trapo. Tras ello les exigía dinero. Y si bien robó en la mayoría de los casos, lo que parecía un simple asaltó se transformaba en un abuso sexual.

Tras maniatar a las mujeres intentaba someterlas o las sometía. El primer caso de la cronología ocurrió el 7 de enero en Buenos Aires al 3400 y el ultimo conocido y denunciado fue la noche del 9 de julio en el cruce de Suipacha y Santa Fe. Un noveno hecho se conoció esta semana cuando una muchacha de 27 años fue robada en una juguetería de España al 3800 con una mecánica similar a la descripta. “Cuando vi el fotofit supe que era quien me había asaltado”, explicó la muchacha a LaCapital. El caso no fue incorporado aún a la saga mencionada.

Durante la tarde de ayer Carlos Roberto J. recuperó la libertad y “no estando vinculado a la causa ni imputado”, según informó el vocero de la Fiscalia Sebastián Carranza en un comunicado.

 

Fuente: La Capital

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13 julio, 2019

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